HISTORIA DE ICOPSI
El primer curso de formación en psicodrama impartido en Costa Rica, entre 1993 y 1995, fue un primer paso fundante de la historia que llevó luego a la constitución del Instituto Costarricense de Psicodrama Psicoanalítico, ICOPSI. Este primer espacio de formación fue dirigido por Ursula Hauser.
La Dra. Ursula Hauser llega a Costa Rica como parte del Movimiento Plataforma Internacional con la idea de desarrollar el psicoanálisis desde una perspectiva de transformación social, tomando en cuenta los aspectos culturales y de género. Fue formada como psicodramatista con Grete Leutz en Alemania, Ildri y Bob Ginn en Noruega y Boston, EE.UU. Si bien ya desde la Asociación de Psicoanálisis y Psicología Social, ASPAS, se habían generado espacios formativos sobre procesos grupales, y se había logrado traer al país al muy conocido y apreciado psicodramatista Eduardo Pavlosky acompañado por Susy Evans, no fue sino hasta que se imparte sistemáticamente y durante dos años, ese primer curso de psicodrama con la Dra. Hauser, que se gesta la posibilidad de que Costa Rica cuente con un grupo de psicodramatistas y que el país se una al movimiento internacional de profesionales en esa metodología. Desde otros países, muchos fueron los apoyos y esfuerzos de colaboración, algunos muy sistemáticos y esenciales al crecimiento del Instituto Costarricense de Psicodrama Psicoanalítico. Entre ellos, cabe destacar el acompañamiento y dedicación que la Escuela Mexicana de Psicodrama (EMPS) nos regala, con la valiosa labor del Dr. Jaime Winkler y de la Lic. da María Carmen Bello, codirectores de la EMPS, quienes gradúan, junto con la Dra. Hauser a las primeras psicodramatistas costarricenses.
Así es que se llega, el 24 de noviembre de 1999, a constituir ICOPSI. En ese momento ya el trabajo pionero de la Dra. Hauser es acompañado por un grupo interdisciplinario de profesionales fundadoras del instituto: Ana León, Grazia Lomonte, Xenia Rodríguez, Casilda Sancho, Ana Ligia Monge, Marta Espinoza, Elia Ana Monge, Sandra Rodríguez, Lidiette Sell, Kattia Rojas y Sabine Wille.
En la actualidad, un grupo de sesenta profesionales de distintas disciplinas y especialidades están formados/as o en proceso de formación como psicodramatistas, en Costa Rica. Este proceso de formación y actualización permanente ha permitido que, además de la labor a nivel nacional, algunas profesionales de ICOPSI acompañaran el trabajo que Ursula Hauser realiza en distintos países del mundo, hace ya muchos años. En el Salvador, desde 1996, la Dra. Hauser apoya a la organización Movimiento de Mujeres Mélida Anaya Montes, formando y capacitando promotoras de salud comunitaria en la metodología psicodramática. En Cuba, además de que actualmente gestiona la creación de una Maestría en Psicodrama, colabora y realiza un proyecto de la Universidad de la Habana con el Centro de Orientación y Atención Psicológica, COAP, para formar psicólogas/os cubanas/os en coordinación de procesos grupales, psicodrama y psicoanálisis. Fortalece además los programas de extensión del COAP contribuyendo al auto-cuidado del personal que trabaja en comunidades. En Palestina mantiene en función un proyecto similar desde el año 2002, que se lleva a cabo con el “Gaza Community Mental Health Program” (GCMHP), único centro de formación de grupos de salud mental en Gaza.
En la fase actual de fortalecimiento del Instituto, este se abre al trabajo de extensión comunitaria, además de presentar un modelo renovado y mejorado para la formación profesional. El trabajo comunitario, tanto como el formativo, se fundamenta en una perspectiva dialéctica que busca la transformación social. Se basa en la acción colectiva y el empoderamiento personal, en el encuentro consigo mismos/as y con el significado histórico y social de las vivencias individuales, cuando éstas son puestas en común y enriquecidas por la multiplicidad de sentidos y posibilidades que el grupo aporta. Ya que es el psicodrama una metodología que guía la acción grupal hacia la liberación de la fuerza personal y social atrapada por las represiones y por las repeticiones incansables del comportamiento sometido al conflicto inconsciente irresuelto.